El plano flexible. La colección de textiles del Banco de España
Esta exposición explora el textil como un espacio de convergencia entre arte, arquitectura e industria. Para ello, reúne obras clásicas y contemporáneas de la Colección Banco de España y de diversas instituciones públicas y privadas. El título procede del ensayo The Pliable Plane: Textiles in Architecture (1957). En él, la pionera Anni Albers definía el textil como una superficie activa y flexible que puede transformar el espacio, filtrar la luz, absorber el sonido y modificar nuestra experiencia de la arquitectura.
La exposición no presenta el tejido como un simple elemento decorativo. Desde sus orígenes, los textiles han servido para proteger, delimitar, organizar y habitar el espacio. Junto a estas funciones prácticas, también han permitido contar historias, representar a las instituciones y mostrar las relaciones entre la cultura y la sociedad.
Una selección de tapices y alfombras de la Colección Banco de España ocupa el núcleo central de la muestra. Estas piezas se concibieron para integrarse en la arquitectura y tuvieron un papel esencial en la configuración de los espacios institucionales, donde aunaban funciones prácticas, representativas o jerárquicas. Su capacidad para transformar los interiores, influir en la experiencia de quienes los recorrían y aportar significado a la arquitectura es uno de los rasgos más singulares de la colección.
A partir de este conjunto histórico, la exposición presenta diversas prácticas contemporáneas que amplían y renuevan las posibilidades del textil.
Las obras seleccionadas muestran que el tejido sigue siendo un medio especialmente adecuado para reflexionar sobre el trabajo, la memoria, la construcción de valor y la transmisión de conocimientos. Desde esta perspectiva, El plano flexible propone entender el textil no solo como una técnica o un soporte artístico, sino también como una forma de pensar y de relacionar distintas épocas, disciplinas y maneras de habitar el mundo. Si la arquitectura es nuestra tercera piel, como sugería Albers, el textil actúa como mediador entre el cuerpo y su entorno. Contribuye a hacer habitable la arquitectura y permite comprender mejor las relaciones sociales, culturales y económicas presentes en ella.
La muestra reúne cerca de cincuenta obras, entre ellas tapices, alfombras, pinturas, fotografías, vídeos, documentos y monedas. Las piezas ofrecen un recorrido histórico muy amplio, desde el siglo XVII hasta el XXI.
Yolanda Romero, conservadora del Banco de España, es la comisaria de El plano flexible. La exposición podrá visitarse en la sala de exposiciones del Banco de España, en Madrid, del 28 de septiembre de 2026 al 28 de marzo de 2027.
La exposición se articula en cuatro ámbitos que amplían la lectura del arte textil en nuestros días:
1. La aguja como lápiz
El primer ámbito reúne obras centradas en la acción de coser. La aguja se presenta como una herramienta para dibujar, escribir y construir el espacio. Este planteamiento conecta con las prácticas feministas que contribuyeron a recuperar el arte textil: el hilo sustituye al grafito, la puntada a la línea y la costura al trazo. Las piezas cuestionan la consideración histórica de estas prácticas como una actividad limitada al ámbito doméstico. En estas obras, coser se convierte en una forma de reflexionar sobre la historia, la identidad, el trabajo y las relaciones de poder.
Isabel Oliver cuestiona los papeles asignados a las mujeres durante el franquismo. Elo Vega, por su parte, utiliza el hilo para crear un bordado rojo sobre lienzos impresos con manifiestos históricos que reclaman la igualdad de derechos de las mujeres.
Algunas obras relacionan la costura con las condiciones laborales, la producción industrial y los cambios en el trabajo contemporáneo. Los bordados de Victoria Gil recuperan la memoria de las trabajadoras y los saberes vinculados a la industria textil. Del mismo modo, Carole Frances Lung utiliza la costura como herramienta de activismo. Con ironía, cuestiona tanto el dominio de la máquina como los sistemas de producción del capitalismo global, que deshumanizan al ser humano. La lentitud propia de la costura se convierte así en una forma de resistencia frente a la rapidez, la producción masiva y la cultura de consumo.
Narelle Jubelin reinterpreta La Brecha de Víznar, del artista José Guerrero, y cambia de forma radical su escala y su técnica. En esta obra, la aguja adquiere una función reparadora ante el trauma de la muerte del poeta García Lorca, asesinado en el barranco de Víznar.
Esther Ferrer muestra que un gesto tan sencillo como atravesar distintos materiales con hilos puede construir lugares y arquitecturas mínimas. Elena del Rivero, por su parte, une materiales diversos mediante una costura frágil para abordar la memoria, la ausencia, la herida y la reparación.
2. Minorías derrotadas
La segunda sección toma su título de una afirmación de Anni Albers de 1965 sobre el retroceso de los oficios artesanales. Sin embargo, las obras muestran que los conocimientos textiles ancestrales han seguido evolucionando y han encontrado nuevas formas de transmitirse. Frente a la rapidez y la producción industrial estandarizada, el tejido se presenta como un espacio de aprendizaje, memoria colectiva y resistencia cultural.
Teresa Lanceta y Aurèlia Muñoz emplean técnicas vinculadas a tradiciones populares y comunidades tejedoras para abordar la transmisión cultural. Yto Barrada combina procesos tradicionales de tintado y manipulación de fibras de Marruecos con una reflexión crítica sobre la industria textil actual y sus consecuencias ecológicas y políticas. Antonio Pichillá, artista maya tz’utujil, utiliza fibras y lana para recuperar formas indígenas de comprender el tiempo que la visión occidental ha dejado con frecuencia en segundo plano. Estas propuestas presentan el trabajo manual como una práctica viva y colectiva, y no como el recuerdo nostálgico de un mundo desaparecido.
3. Existencias de interior: vestir la arquitectura
El tercer ámbito recupera la expresión de Albers «An indoor existence» para examinar el papel de los textiles en la creación de los espacios interiores. Los tapices y las alfombras protegían del frío, amortiguaban el sonido y aportaban comodidad. También daban significado a la arquitectura. Estas piezas se diseñaban a menudo para lugares concretos, en los que servían para organizar los recorridos, diferenciar los espacios según su importancia y modificar la experiencia sensorial de quienes los utilizaban.
La historia del Banco de España ofrece un ejemplo destacado de esta relación entre los textiles y la arquitectura. La institución utiliza tejidos desde sus orígenes. Las primeras piezas que conserva su colección son alfombras encargadas a la Real Fábrica de Tapices desde la segunda mitad del siglo XIX. Su destino era la sede del Paseo del Prado, inaugurada en 1891. Más adelante, la remodelación del Salón de Juntas Generales de Accionistas incorporó seis tapices flamencos de Geraert Peemans dedicados a los meses del año y los signos del zodiaco. Juan de Zavala integró estas piezas en su proyecto para mejorar la acústica del salón y convertirlas en parte de su arquitectura.
4. Tiempos, relatos y economías del valor
La sección final traslada la relación entre el textil y la identidad institucional a una cuestión relacionada con las funciones del Banco de España: cómo se crea el valor. A través del tejido, las obras exploran los sistemas de intercambio, las formas de trabajo y las historias que dan sentido a los procesos económicos y culturales.
El proyecto de Dora García abre el capítulo final de la muestra y continúa la larga tradición del Banco de España de encargar obras a artistas. Creado para el Salón de Cobradores, el proyecto mantiene también la tradición de integrar el arte textil en la arquitectura del Banco. Sus tapices se inspiran en el gesto de dar y recibir. La imagen de una mano invita a reflexionar sobre el intercambio y relaciona la creación de valor económico con las relaciones entre las personas. Andreas Maria Fohr estudia los vínculos entre industria, producción, pago y deuda. Para ello, utiliza una caja de caudales, una fotografía, una llave de cerámica y varios textiles bordados que recuerdan a pagarés, es decir, promesas de pago futuro que tienen valor en el presente.
Aunque proceden de contextos geográficos y culturales muy distintos, Mercedes Azpilicueta, Patricia Esquivias y Manuel Chavajay comparten con Andreas Maria Fohr el interés por las historias que han quedado al margen de los relatos dominantes y por otras formas de experimentar, medir y recordar el tiempo, distintas de la concepción lineal que predomina en Occidente. Mediante diferentes formas de narrar, los tres artistas utilizan el textil para conectar épocas que parecen separadas y proponer otras maneras de entender la historia.
Un catálogo razonado sobre la colección textil
La exposición se acompaña del Catálogo Razonado de la Colección de Textiles del Banco de España. La publicación estudia y documenta casi un centenar de tapices, alfombras, reposteros y textiles contemporáneos que la institución ha conservado durante más de dos siglos. El Banco de España ha editado el volumen, elaborado por un grupo de especialistas dirigido por Antonio Sama, profesor de la Universidad Complutense de Madrid, y Yolanda Romero, conservadora del Banco de España.
La publicación forma parte de la serie de catálogos razonados con la que el Banco de España facilita el conocimiento y la consulta de sus fondos artísticos. La institución también ha editado, en tres volúmenes, el catálogo de su colección de pintura, dibujo, escultura y fotografía, además de una publicación dedicada a su colección de relojes. Todos estos títulos pueden descargarse de forma gratuita en la sección de Publicaciones de la página de la Colección Banco de España.
AUTORES
Mercedes Azpilicueta, Yto Barrada, Manuel Chavajay, Patricia Esquivias, Esther Ferrer, Andreas Maria Fohr, Carole Frances Lung, Dora García, Victoria Gil, Narelle Jubelin, Teresa Lanceta, Urbanus Leyniers, Aurelia Muñoz, Jacques Neilson, Isabel Oliver, Geraert Peemans, Antonio Pichillá, Elena de Rivero, Elo Vega, Juan de Zavala Lafora, Real Fábrica de Tapices
y la Fábrica Nacional de Tapices