Sin título
- 1980
- Bronce patinado sobre pedestal de mármol
- 47 x 24 x 13 cm
- Edición 5/8
- Cat. E_54
- Adquirida en 1983
- Observaciones: En la Colección Artium se conserva un ejemplar de mayores dimensiones.
La obra de Mendiburu se enmarca dentro del informalismo debido a su manifiesta inclinación por la materia y por las soluciones creativas basadas en el azar, tal y como reflejan algunas de sus primeras obras realizadas arrojando barro contra una superficie dura o los altorrelieves de chapa delgada con perforaciones y costuras. Tras esa primera etapa, desarrolla su obra más personal, ensamblando rudimentarias morfologías mediante procedimientos antiguos tomados de la artesanía popular. Toda su producción está inspirada en elementos naturales, como pone de manifiesto Sin título (1978), escultura de bronce abstracta con formas vegetales y orgánicas que parece cobrar vida. Forma parte de una serie de piezas surgidas del trabajo con las intersecciones de estructuras cilíndricas, a partir de las cuales surgen estas formas geométricas en crecimiento, pero que no han perdido la huella orgánica del material de trabajo de la madera.
Sobre una peana de mármol blanco, la obra se asemeja al tronco de un árbol con aspecto de haber sido talado. Mendiburu utiliza la técnica del vaciado y proporciona profundidad a los elementos de bronce que parecen acoplarse de manera algo inestable en la escultura. Según sus propias palabras, «son materiales que nadie quiere, en un principio viejas vigas o troncos olivados, recurriendo a basureros donde todavía no han quemado las últimas raíces de los árboles arrancados para hacer una avenida. Materiales, muchas veces, regalados, cedidos o encontrados, es así como nace mi escultura existencialmente».
Para contextualizar la intensidad con la que Mendiburu entendió la esencia creadora como una necesidad simbólica entre el hombre y lo real, cabe apuntar algunos datos de su propia biografía que marcaron para siempre su mirada. Como consecuencia de la Guerra Civil, a los cinco años se vio obligado a emprender un dramático exilio; tuvo que emigrar a Francia de modo abrupto y no pudo regresar hasta los nueve años. Esa infancia se convirtió en vivencia de muerte, aislamiento y hambruna. Mendiburu sobrevivió con parte de su familia, primero, en campos de concentración ubicados en playas francesas; luego, en diversos lugares abandonados. Con estas palabras dejó constancia de la importancia de esa memoria en su condición creativa: «Mi escultura nace por la necesidad imperiosa de expresarme y contar, de alguna manera, lo que había vivido en la guerra y en el exilio, una historia que no había contado a nadie». La búsqueda de la verdad fue el germen de sus muchas esculturas.
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