Retrato de Francisco Cabarrús, vizconde de Rambouillet y I conde de Cabarrús

Retrato de Francisco Cabarrús, vizconde de Rambouillet y I conde de Cabarrús

  • c. 1798
  • Óleo sobre lienzo
  • 198 x 119 cm
  • Cat. P_809
  • Adquirida en 2018
Por:
Virginia Albarrán Martín

De Francisco Cabarrús admiraban sus contemporáneos su inteligencia, su imaginación viva y fértil, el talento cultivado y la elocuencia fácil, capacidades que lo llevaron a desarrollar empresas y plantear reformas por las que, en la actualidad, se le considera el más radical de los ilustrados progresistas de nuestro país. Especializado en cuestiones de hacienda y finanzas, de incuestionable orientación hacia el liberalismo económico, se preocupó activamente por el desarrollo —sobre todo agrícola— del país, aunque también se manifestó sobre la Iglesia, la enseñanza, el divorcio o la prostitución (véase Ovidio García Regueiro: Francisco Cabarrús: un personaje y su época. Madrid: Centro de Estudios Políticos y Constitucionales, 2003, pp. 17-24; Jean-Louis Guereña: La prostitución en la España contemporánea. Madrid: Marcial Pons Historia, 2003, p. 41).

Este retrato debido a Agustín Esteve está concebido precisamente como un compendio del pensamiento político-económico del financiero francés, y de sus logros hasta ese momento. Cabarrús se representa sentado, ante una mesa sobre la que se hallan libros y diversos documentos, como si hubiera sido sorprendido en un momento de trabajo, tipología habitual en el retrato de representación durante los siglos XVIII y XIX. Dos de los tomos dispuestos sobre la mesa aluden a su papel de fundador del Banco Nacional de San Carlos (1782) y de la Real Compañía de Filipinas (1785), mientras que el titulado «Exposición al Consejo» tal vez corresponda con su Discurso sobre la libertad de comercio concedida por S. M. a la América meridional, que leyó en 1778 en una sesión de la Real Sociedad Económica Matritense de Amigos del País, a la que pertenecía desde hacía dos años, y con el que apoyaba la política de comercio colonial propugnada por el fiscal del Consejo de Castilla, Pedro Rodríguez de Campomanes. A su adhesión a esta línea de pensamiento del que fuera su protector también podría referirse el libro volcado sobre la mesa, en el que parece leerse «pedro / rega», posible alusión al Tratado sobre la Regalía de Amortización (1765). Sobre él apoyan legajos que remiten a sus ideas acerca del incremento de población útil en España y a la construcción del canal de Uceda (1775-79), también llamado «de Cabarrús», infraestructura con la que buscaba mejorar la eficacia de los regadíos en la zona. A esta empresa hidráulica sumó su apoyo —y la financiación por parte del Banco de San Carlos— a la ambiciosa apertura del canal de Guadarrama, con el que se pretendía abrir una vía navegable desde Madrid hasta el Atlántico, comunicando las aguas de los ríos Guadarrama, Manzanares, Tajo y Guadalquivir (1785-89), proyecto inconcluso que, sin embargo, queda reflejado en la pintura mediante el mapa sobre el que Cabarrús apoya su brazo y tal vez por medio del paraje que se ve desde la ventana. Por su parte, el papel que sostiene en la mano derecha recoge sus nombramientos como representante del Gobierno español en las conversaciones de la paz de Lille y como embajador en París (1797). Finalmente, su designación como consejero de Estado el 30 de octubre de ese mismo año queda plasmada a través del uniforme que luce, en el que destacan de forma inconfundible los motivos de ojos, referencia al personaje mitológico Argos que alude simbólicamente al carácter de guardián vigilante, siempre alerta, que habría de caracterizar a quienes tuvieran dicho cargo. La orla que completa el bordado en el extremo de la casaca, en la que alternan figuras de leones, castillos y flores de lis, identifica el uniforme como el modelo «grande», aprobado en julio de 1797 (véase Archivo General de Palacio, Administración General, legajo 980-2 y Planos, 4906).

En cambio, no hay referencia alguna a la concesión de los títulos nobiliarios de vizconde de Rambouillet y de conde de Cabarrús que recibió, respectivamente, en 1789 y 1790, posiblemente por la contradicción que suponía la aceptación de la nobleza con sus ideales, en especial con sus críticas al tradicionalismo y al papel de los nobles cortesanos. No obstante, esta falta fue subsanada por sus descendientes, pues hicieron fabricar para el retrato un marco rematado con el escudo familiar que integra el lema fides publica, el mismo utilizado por el Banco de San Carlos en sus billetes, y que Carlos IV le autorizó a emplear en el escudo de sus armas tras rehabilitarlo después del encarcelamiento que sufrió como consecuencia de una acusación de malversación de fondos. Sin embargo, este marco altera el mensaje original del retrato.

Por todo lo señalado, cabe datar esta obra en torno a 1798, como ya sugirió Soria, pues no hay ningún elemento que lleve a pensar que se trate de uno de los dos retratos de Francisco Cabarrús encargados por su hijo Domingo a Esteve entre 1808 y 1810, salvo porque pueda llevar el citado uniforme para mostrar su nombramiento como ministro de Hacienda, cargo que obtuvo de José I en julio de 1808. Si bien, extraña que en el lienzo no haya otras referencias a la actividad de Cabarrús con posterioridad a 1798 y que, en cambio, esté aludiendo a cuestiones que se remontan a la década de 1760.

El retrato, que permaneció en poder de los descendientes de Cabarrús hasta su reciente venta, fue considerado como de Goya durante algún tiempo. Sin embargo, responde inconfundiblemente al modelo de Esteve. Frente a la mayor introspección psicológica que caracteriza a los retratos de aquel, Esteve otorga especial protagonismo a los elementos que indican la condición y logros del personaje, aunque capta eficazmente la fisonomía de Cabarrús y consigue transmitir, mediante la expresión de sus ojos y el gesto de su boca, la vivacidad y decisión que caracterizaban al financiero, que entonces tenía cuarenta y seis años. Por el contrario, resulta inexplicable la extraña disposición de la mano izquierda sobre la pierna, sin que se pueda constatar si Cabarrús tuvo algún defecto en esa mano o si se trata de una incomprensible incorrección anatómica debida al pintor. Como en su pintura de estos años, Esteve ha utilizado muy poca materia pictórica para pintarlo y deja la preparación a la vista en numerosos puntos, algo que resulta especialmente sutil en el paisaje.

Virginia Albarrán Martín

 
Por:
Virginia Albarrán Martín
Agustín Esteve y Marqués
València 1753 - València/Valencia 1820

Perteneciente a una familia de artistas en la que hubo arquitectos de retablos, escultores y grabadores, recibió su primera formación en su ciudad natal con el escultor Ignacio Vergara. En 1768 ya asistía a los estudios de la Real Academia de Bellas Artes de San Carlos de València, donde consiguió el Primer Premio mensual concedido por la institución. A su vez, asistía al estudio del pintor José Vergara.

Se trasladó a la corte en 1770 e ingresó en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, donde obtuvo el Primer Premio general de la tercera clase en 1772. Acudía, a la vez, al estudio de Francisco Bayeu, a través del cual recibió la influencia de la pintura de Anton Raphael Mengs que se aprecia en su obra. Bajo la dirección de Bayeu copió varios cuadros de la Colección Real, demostrando desde entonces su preferencia por la pintura de Murillo. Desarrolló esta faceta como copista a lo largo de toda su vida y, al menos desde finales de aquella década, la alternó con la realización de dibujos para grabados y diversos encargos de asunto religioso.

Aunque también se le puede atribuir algún retrato desde dichos años, sus primeros ejemplares firmados son de mediados de la década de 1780, momento en que empezó a sobresalir en este género. También entonces se documenta su trabajo al servicio de alguna de las más importantes familias nobiliarias, como la de los duques de Osuna, los duques de Montemar o los condes de Altamira.

En 1789 se inició su fructífera colaboración con Francisco de Goya, cuando este fue nombrado pintor de cámara y Esteve lo ayudó en la realización de los retratos de Carlos IV y María Luisa de Parma con motivo de su proclamación. Esta relación profesional, que se mantuvo, al menos, hasta 1799, fue crucial para Esteve, pues le proporcionó otra serie de encargos, entre ellos, los que Goya no pudo llevar a cabo por su enfermedad, pero, sobre todo, porque hizo evolucionar su forma de pintar. Siempre mantuvo interés por el dibujo, el gusto por la minuciosidad en los detalles y el tipo de luz clara y uniforme propias de la pintura neoclásica, pero comenzó a utilizar una pincelada más suelta y a trabajar dejando la preparación a la vista, además de adquirir un sentido más naturalista de la luz. Asimismo, en esos años se convirtió en una especie de copista oficial de Goya y, por mediación del maestro, o bien directamente, hizo numerosas réplicas de sus retratos. También gracias a Goya, Esteve comenzó a pintar retratos en miniatura.

Su período más fecundo como pintor de retratos se inició a mediados de la década de 1790 y se mantuvo durante las dos siguientes, en las que estuvo considerado como el retratista cortesano más destacado después de Goya. Retrató a las personalidades más importantes de la sociedad madrileña del momento, desde los reyes y sus ministros, nobles, eclesiásticos y militares, hasta intelectuales, amigos y compañeros de profesión. Por lo general, en todos ellos prevalece el interés por destacar aquellos elementos que indican el estatus social y la posición de los retratados, aunque captó con dignidad y elegancia a todos sus modelos, algunos de los cuales no dudaron en recurrir a él en distintas ocasiones.

El 14 de junio de 1800 fue nombrado pintor de cámara y el 22 de septiembre del mismo año recibió el nombramiento de académico de mérito de la Real Academia de Bellas Artes de San Carlos de València.

Durante el reinado de José I Bonaparte retrató al monarca en varias ocasiones, así como a reconocidos afrancesados. Tras la vuelta de Fernando VII fue sometido a un proceso de depuración sin que se demostrase su colaboración con el Gobierno de Bonaparte. Continuó en su cargo de pintor de cámara y realizó varios retratos de la familia real, entre otras obras.

En 1815 empezó a sufrir las consecuencias de un problema de la vista. Dos años después redactó testamento, en el que se declaraba soltero y, finalmente, en otoño de 1819 solicitó su retiro por problemas de salud, lo que se le concedió con sueldo íntegro, en atención a su consideración de «benemérito profesor». En julio de 1820 se marchó a València, donde falleció sin que se conozca aún la fecha exacta.

La única monografía que se le ha dedicado hasta la fecha ha sido la escrita en 1957 por Martín S. Soria. Actualmente se está revalorizando su figura con nuevos estudios que buscan concretar su catálogo y devolverle obras que tradicionalmente se han considerado como de mano de Goya.

Virginia Albarrán Martín

 
Por:
Paloma Gómez Pastor
Francisco Cabarrús y Lalanne (Bayona 1752 - Sevilla 1810)

La personalidad histórica de Cabarrús destacó durante los reinados de Carlos III y Carlos IV como uno de los escritores especializados en cuestiones de política económica en la segunda generación de los ilustrados españoles, y como proyectista financiero, por la creación de los vales reales en 1780, en plena guerra contra los ingleses, y por la creación del Banco Nacional de San Carlos, primera entidad con capacidad de emisión de billetes en España. En 1790 perdió su influencia política y social. Fue rehabilitado por Godoy después de años de graves dificultades que nunca se aclararon definitivamente, entre ellas procesamiento y cárcel.

Nació en Bayona en 1752, de familia de comerciantes y marinos originaria de Navarra. En 1771 viajó a Valencia para adiestrarse en la práctica comercial española en la casa de Antonio Galavert. Poco tiempo después, contrajo matrimonio secreto con su hija María Antonia, de catorce años, con la oposición de ambas familias. Tuvieron una hija, Teresa, y dos hijos varones.

En 1773 se traslada a Carabanchel de Arriba, un pueblo cercano a Madrid, donde Pierre Galavert, un familiar de su esposa, poseía una fábrica de jabón. Se sabe que pronto emprendió negocios, desde 1775 al menos con la casa de la Viuda de Lalanne e Hijos, consistentes en giros de letras y exportación de monedas de plata. Se asoció con Jean Aguirre, comerciante de lanas y cajero del Canal Imperial de Aragón; entre otros negocios llevaron a cabo actividades de exportación de lanas a Francia e Inglaterra. También se asoció con la casa Le Couteulx, una de las más importantes de las que participaban en el comercio entre Cádiz, Ruan y París.

Al mismo tiempo que prosperaba como comerciante y banquero, se introdujo en uno de los principales círculos de poder, el de los ilustrados. Ingresó en la Sociedad Económica Matritense en 1776; en la tertulia que se reunía en casa de Pedro Rodríguez de Campomanes, conoció a Jovellanos, con quien nació una relación de amistad que mantuvo hasta los años de la Guerra de la Independencia. Cabarrús poseía una cultura muy superior a la habitual en los comerciantes y banqueros de su época y se esforzaba por pasar del ámbito meramente comercial al de la élite ideológica y política.

En 1779, España y Francia se enfrentaron a Inglaterra, con motivo de la guerra de la independencia norteamericana. El Gobierno pronto se encontró con la necesidad de cubrir los gastos bélicos. Además, el bloqueo naval británico había disminuido las remesas de Indias, por lo cual el efectivo que circulaba en España había menguado sensiblemente. Es entonces cuando Cabarrús concibe la idea de los vales reales —un híbrido de deuda pública y de papel moneda— y convence al conde de Gausa, entonces ministro de Hacienda, de su emisión con una triple finalidad: allegar recursos para la Hacienda, servir al público de medios de pago —al menos en intercambios de cierta importancia— y proporcionar a sus propietarios un interés suficientemente atractivo, del cuatro por ciento anual. En el reinado de Carlos III se realizaron tres emisiones (1780, 1781 y 1782). Gracias a su capacidad de iniciativa y convicción logró involucrar en dicha operación a algunos relevantes intermediarios, en su mayor parte franceses con casas de comercio abiertas en Madrid y Cádiz.

La incertidumbre de los resultados de la guerra deterioró la cotización de los vales reales a finales de 1782. En junio de ese mismo año, ya se había creado el Banco Nacional de San Carlos. El banco fue el resultado del empeño personal de Cabarrús por erigir un instituto oficial de crédito en forma de sociedad por acciones, entre cuyas funciones se encontraba la emisión de billetes, la anticipación de recursos al Estado —principalmente con la administración de provisiones al Ejército—, el crédito para los gastos de la monarquía en el extranjero, y el descuento y la negociación de letras con particulares; un objeto adicional era la financiación de proyectos de obras públicas, pero el principal era el pago en plata de los vales reales. En 1784 le fue concedido al Banco de San de Carlos el monopolio de la extracción de la plata, que proporcionó sustanciosos beneficios a esta institución, y en 1785 consiguió otro proyecto financiero: la creación de la Compañía de Filipinas, en la que el Banco de San Carlos hizo una importante inversión. Ambos proyectos eran contradictorios con el liberalismo económico que defendía. En la década de 1780 a 1790, Cabarrús debió de convertirse en uno de los sujetos con mayor influencia social y económica en Madrid, fuera del círculo de la grandeza de España, pero también comenzó a gestarse su impopularidad. Diversos contratiempos se combinaron para anular su éxito.

En 1789, después de la muerte de Carlos III, el ministro de Hacienda Lerena, enemigo personal de Cabarrús, instigó a los accionistas a convocar una junta extraordinaria para examinar su gestión. Cabarrús fue destituido junto con los restantes directores del banco, y poco después encarcelado por un remoto delito de contrabando de metálico, supuestamente cometido en sus años jóvenes.

Las circunstancias políticas habían cambiado con la sucesión de Carlos IV y con la conmoción que significó la Revolución en Francia, situación que los enemigos de la tendencia ilustrada trataron de aprovechar. Cabarrús perdió apoyos en la corte, y el proceso en la jurisdicción civil siguió su curso. Estuvo cinco años en prisión sin que llegara a celebrarse juicio. En 1795 fue puesto en libertad y rehabilitado como director nato del Banco Nacional de San Carlos, después de que los magistrados constataran defectos procesales y de que el nuevo ministro de Hacienda —Diego de Gardoqui— retirara los cargos contra él. Este cambio de situación coincide con el final de la guerra contra la Convención francesa y la orientación dada por Godoy a la política interna, más proclive a los ilustrados.

Godoy cayó temporalmente en desgracia, pero cuando recobró el poder —apoyado por el partido más reaccionario—, destituyó y encarceló a los ministros ilustrados. Cabarrús fue desterrado a Burgos. Entre 1801 y 1807 permaneció en Barcelona dedicado a varios proyectos industriales. Al producirse el levantamiento popular contra los ejércitos franceses en 1808, se reencontró con Jovellanos en Zaragoza. Cabarrús declaró su apoyo a la causa legitimista; sin embargo, pocos días después fue víctima de un grupo de insurrectos por su origen francés o por su notorio antitradicionalismo. Al parecer, ese hecho fue decisivo para que modificara su postura, adhiriéndose a la causa de José Bonaparte, quien lo nombró ministro de Hacienda en julio de ese mismo año. En el desempeño de ese cargo, murió en Sevilla en 1810.

Extracto de: P. Tedde de Lorca: Diccionario biográfico español, Madrid: Real Academia de la Historia, 2009-2013.

Paloma Gómez Pastor

 
 
Martín S. Soria, Agustín Esteve y Goya, València, Servicio de Estudios Artísticos Institución Alfonso el Magnánimo, 1957. Jeanine Baticle, Revista de arte Goya, «Esteve, Goya y sus modelos», Madrid, Museo Lázaro Galdiano, 1978-1979, 226-231, nºs 148-149. Virginia Albarrán, El desafío del blanco: Goya y Esteve retratistas de la casa de Osuna. A propósito de la donación Alzaga, Madrid, Museo Nacional del Prado, 2017. VV.AA., Colección Banco de España. Catálogo razonado, Madrid, Banco de España, 2019, vol. 1. VV.AA., 2328 reales de vellón. Goya y los orígenes de la Colección Banco de España, Madrid, Banco de España, 2021.