Mayo y Junio
- c. 1679
- Lana, seda y tramas metálicas, 80-90 urdimbres/dm
- 422 x 467 cm
- Cat. T_3
- Adquirida en 1934
- Observaciones: Manufactura de Bruselas. Según diseño de Daniel Teniers III. Bruselas. Serie: Los meses
El tapiz que lleva el cartucho con las inscripciones «MAIVS» y «IVNIVS» es posiblemente el más luminoso y florido de la serie Los meses, como corresponde a los ciclos del curso solar que representa.
Siguiendo el mismo esquema fijado para la composición de los otros paños de este conjunto, el protagonismo lo comparten las dos personificaciones de los meses: a la izquierda la de Mayo y a la derecha la de Junio.
La primera representa a la Maya o Maia, la diosa romana de la primavera. Está sentada y viste una rica túnica verde recamada de flores. Sus sienes son ceñidas por una guirnalda floral que redunda en la importancia de la flor como atributo de este mes. Cesare Ripa aclara que en este es cuando florecen los montes, los prados y los campos, que se cubren también de un vivo verdor. Este esplendor de la tierra, que invita a la alegría y despierta el trino de los pájaros, es lo que pretende simbolizar la figura de Mayo. Esta sostiene con su mano izquierda un cesto rebosante de flores y frutos propios del mes, y con la derecha coge de la mano a uno de los gemelos que simbolizan el signo zodiacal de Géminis. El autor de la Iconología explica que esta doble personificación se debe a que en Mayo comienza un tiempo cálido y seco que favorece la multiplicación de las cosas y la reproducción de los animales.
En la parte derecha del tapiz, dirige su mirada al espectador la alegoría de Junio. Como su compañera, es una doncella alada que viste de verde, pero en este caso de un verde claro. Completa su indumentaria una capa de color pajizo. Daniel Teniers III sigue así las especificaciones de Ripa, quien explica que el «verde gaio» debe ser atributo de esta personificación porque en Junio comienzan a amarillear el trigo y otras hierbas como consecuencia del calor. Así, a modo de metáfora de este comienzo del verano, Junio lleva una corona de trigo aún sin madurar.
La alegoría de este mes se complementa con otros atributos florales o frutales y, como no podía ser de otra manera, con el correspondiente símbolo zodiacal. Los primeros asoman en el canastillo que lleva en su regazo la doncella, y consisten en frutos característicos de ese mes: coles, bayas, cerezas y ciruelas. El Zodiaco se manifiesta en forma de una gran langosta que sostiene y enseña Junio con su mano derecha. Representa a Cáncer, pero aquí Teniers parece malinterpretar el texto de Ripa, ya que el símbolo elegido por este para representar el curso solar de Junio es el cangrejo, y explica el porqué: así como el sol en Junio comienza a retroceder en el cielo (tras el solsticio), el cangrejo camina para atrás. Posiblemente, el cartonista ha decidió cambiar de crustáceo para dar mayor visibilidad y vistosidad al signo zodiacal.
La galería en donde tiene lugar la representación alegórica se abre a un paisaje poblado por escenas muy características del género «Teniers»: al fondo, una kermesse o fiesta aldeana con música y danza; más cerca, el lavado y esquileo de las ovejas para extraer la lana. Actividades, ambas, propias de la alegría primaveral y de la llegada del calor.
La orla de guirnaldas y putti que funciona de bordura no puede ser más florida y exuberante. En la parte correspondiente a Mayo (a la izquierda de la composición), la profusión de rosas de varios colores (especialmente blanco y rosa) recoge de manera literal los preceptos de la Iconología. Además, se pueden ver otras especies que florecen en el mes —campanillas y azucenas, entre otras— y hortalizas tales como ajetes y zanahorias. En la parte izquierda, el comienzo del verano se traduce en la presencia de más frutos (cerezas, sobre todo), junto con hortalizas y verduras (ajos, puerros, col, alcachofas, guisantes…), algún tubérculo (¿boniatos?) y flores. Escondido tras las verduras, asoma un conejo, emblema quizá de esa prolífica reproducción que, según el iconólogo, tiene lugar en Junio.
Este paño pertenece a una serie de seis tapices dedicados a los meses del año, agrupados en parejas. Estos aparecen encarnados en figuras femeninas que ostentan los atributos distintivos de cada uno, siguiendo las convenciones fijadas por el iconólogo de Cesare Ripa en el siglo XVI. Además, cada mes es acompañado del signo zodiacal correspondiente y un cortejo de geniecillos o niños alados que juguetean con las flores o frutos propios de cada estación. Son piezas muy representativas del trabajo de las tapicerías flamencas, que venían dominando el mercado europeo desde finales del siglo XV y aún conservaban plena fama y vigor fabril durante el Barroco. Tanto por sus materiales ricos como por el empaque visual, constituían elementos preferidos en las decoraciones palaciegas, más apreciados incluso que la pintura. A ello se sumaba que las composiciones eran proporcionadas por reconocidos artistas, que prestigiaban aún más el producto. A la vez, los cartones a partir de los que se tejían permitieron sucesivas tiradas con las que satisfacer la demanda de una clientela internacional deseosa de disfrutar del aura de autorías consagradas.
Es el caso de este conjunto dedicado a los meses, cuya primera serie fue encargada por el archiduque Leopoldo Guillermo de Austria, tras su llegada a Bruselas como gobernador de los Países Bajos. Las composiciones fueron ideadas por Jan van de Hoecke entre 1647-1649, quien, asimismo, dio los diseños que sirvieron para confeccionar los cartones. Estos fueron ejecutados por un grupo de artistas que se repartieron el trabajo según su especialidad. Pierre Thijs y Thomas Willeboirts se hicieron cargo de las figuras, en tanto que los animales, fundamentalmente pájaros y peces, fueron encomendados a Adriaen van Utrecht y las flores a Jan Brueghel el Joven. Se tejió en torno a 1650 en Bruselas, en los talleres de Evrard Leyniers III y de Gilles van Habbeke. Este primer ciclo estaba compuesto por un total de diez tapices, ya que el grupo de seis dedicado a los meses era completado por otros cuatro que representaban El día, La noche, Los cuatro elementos y Las cuatro estaciones.
Esta serie princeps para el archiduque Leopoldo Guillermo acabaría ingresando en las colecciones imperiales en Viena, tras ser heredada sucesivamente por el archiduque Carlos José de Habsburgo y el emperador Lepoldo I. Del prestigio que alcanzó es buena prueba que se tejieran sucesivas tiradas, de las que se conserva íntegra solo la custodiada en el Nationalmuseum de Estocolmo. Con posterioridad, David Teniers III confeccionó unos nuevos cartones rehaciendo los diseños iniciales de Van de Hoecke, en los que incluyó escenas inspiradas en otras composiciones de su padre, David Teniers II. De estas nuevas composiciones se realizaron varias ediciones en los telares del tapicero Gerard Peemans, encargadas por diferentes comitentes. Significativamente, dos de ellas fueron comisionadas por titulares de importantes linajes españoles Así, la primera de la que hay constancia se tejió para el duque de Pastrana y una segunda para el duque de Villahermosa, que es la que nos ocupa. Esta, perteneciente a la Colección Banco de España, junto a la que guarda el castillo de Praga, se mantienen íntegras. Hay constancia de otras series de Los meses sin completar, con diferente número de paños, en Waddesdon Manor (Alesbury, Buckinghamshire) —cuatro tapices datados entre 1680-1700—, Holkham Hall (Norfolk) —dos piezas— y la que hasta 1979 estuvo en El Quexigal (Ávila) —tres paños—; así como un fragmento de Septiembre y octubre, localizado en el Art Institute de Chicago —1938.1309, posterior a 1675—.
Conforme a testimonios documentales contemporáneos, en 1679 se estaba tejiendo la tapicería para el IX duque de Villahermosa, Carlos de Aragón Gurrea y Borja. El acuerdo alcanzado con Peemans fijaba la confección de «seis piezas de seis anas de altura. El duque hace trato y precio a 25 florines y medio el ana». El escudo situado en cada una, bajo la cartela con el nombre de los meses correspondientes, es el de la ciudad de Mons (Bergen en neerlandés), capital de la región de Henao (Bélgica). Villahermosa, durante su paso por los Países Bajos como gobernador, había conseguido levantar el cerco francés a esta ciudad en 1678. Este hecho le valió la concesión del Toisón de Oro por Carlos II. Precisamente el lema latino que acompaña a los blasones de Mons hace referencia al honor alcanzado por el conde gracias a las armas, durante la llamada guerra franco-neerlandesa. Su traducción, según García Calvo, sería: «La victoria hanonia concedió la gloria del fruto y los colores de la sangre». Es este el motivo principal que permite identificar la tapicería de la colección con la encargada por Villahermosa, quien buscaría alhajar un salón del palacio familiar con una serie que rememorara el acontecimiento que le valió la máxima distinción de la monarquía hispánica. Tras su paso por diferentes propietarios, pasaron por el comercio anticuario. Después de ser ofrecidos en 1933 al duque de Alba, finalmente fueron adquiridos por mediación de Livinio Stuyck, director también de la Real Fábrica de Tapices de Madrid, con destino a la sede central del Banco de España. La reforma posterior del Salón de Juntas Generales de la entidad se orquestó para su correcta exhibición y en la actualidad mantienen dicha disposición.
Al tratarse de un conjunto dedicado al transcurso del año, las alegorías se sirvieron del repertorio vegetal asociado a los cambios estacionales. A las personificaciones aladas del diseño original de Van de Hoecke, Teniers incorporó escenas populares complementarias tomadas del acervo iconográfico familiar. De forma que el ámbito de la fábula pagana se entremezcla con visiones idílicas de las actividades propias de cada mes. Por ello, en el tapiz de Mayo y junio, añadió una danza de aldeanos, significando la alegría que la abundancia y benignidad del clima de la primavera proporcionan. En tanto Septiembre y octubre presentan la vendimia. El despliegue floral y de frutos, con el que juegan y revolotean en animadas posturas los genios infantiles, completa con sentido dinámico las más solemnes figuras de las deidades de los meses.
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