Cabeza

Cabeza

  • 1958
  • Óleo sobre lienzo
  • 60 x 72,2 cm
  • Cat. P_428
  • Adquirida en 1989
Por:
Carlos Martín

«Un cuadro es ante todo una superficie en blanco que es preciso llenar con algo. La tela es un ilimitado campo de batalla. El pintor realiza frente a ella un trágico y sensual cuerpo a cuerpo, transformando con sus gestos una materia inerte y pasiva en un ciclón pasional, en energía cosmogónica ya para siempre irradiante». Estas palabras, escritas por Antonio Saura en 1958, en torno a las fechas de realización de las obras que conserva la Colección Banco de España, presentan una nueva concepción de la obra pictórica en la que lo corporal, lo dramático y la idea de lucha toman el mando. Fue precisamente hacia la segunda mitad de la década de 1950, en relación con la fundación del grupo El Paso en 1957, cuando Saura se situó en el linaje de la pintura barroca española, donde encontró el negro y el drama, así como la tragedia del cuerpo humano desencajado, para hallar una conexión telúrica y una raigambre «nacional» a su obra, de tal modo que la entusiasta crítica de la época llegó a ver en él el dramatismo del Greco y de Goya, mezclado con la reciedumbre y austeridad de Zurbarán. Pero tal filiación territorial no borra un componente más transnacional, ligado al surrealismo tardío que alimentó sus primeros pasos. Las dos obras del Banco de España son, de hecho, representativas de sendas aproximaciones a la «belleza convulsa» preconizada por André Breton, que tan sugerente resultó para el Saura joven.

Cabeza, realizada en 1958, año en que Saura representó a España en la Bienal de Venecia, no puede desligarse del gusto surrealista por los fantasmas de amputación que encuentra su origen remoto en los estudios anatómicos. Es una cabeza de perfiles muy esbozados, desgajada de su cuerpo, que alcanza un alto grado de dramatismo al asociarse a una suerte de calavera, expresiva y atormentada, o en una cabeza cercenada de Juan Bautista, una de las primeras metamorfosis de esa fantasía, de especial éxito en el Barroco español. En la obra se puede percibir un cierto interés compositivo que lo aproxima a una naturaleza muerta o a una vanitas pasada por el filtro del Picasso fatalista de posguerra, así como el grafismo de un Roberto Matta, a quien lo une esa constelación de líneas vivas esgrafiadas, muestra de un Saura que busca aún una poética gestual propia; un lenguaje que, una vez desarrollado, lo llevará a recuperar el tema de la cabeza desprendida del cuerpo a modo de motivo intermitente hasta fechas cercanas a su muerte. No es descartable, por su fecha temprana, que la obra fuera concebida como «autorretrato», entendido a la manera de Saura. Podrían apoyar esta hipótesis varios hechos: el autorretrato fue una de las prácticas que originó a finales de los cincuenta su interés por el motivo de la cabeza; su extraordinaria similitud con otras obras como Autorretrato (1959, Colección R. Stadler, París), de idénticas dimensiones y rasgos casi iguales; y, por último, la clave que aporta el propio artista: «Al no referirse concretamente a un rostro determinado, y habiendo surgido estas obras de mi propia mano, pensé que algo reflejarían de mí mismo, optando por este título equívoco que aún sigue provocando en mí cierto júbilo demistificador».

Carlos Martín

 
Por:
Frederic Montornés
Antonio Saura
Huesca 1930 - Cuenca 1998

Obligado a pasar cinco años en cama para recuperarse de una enfermedad, Saura empezó a escribir y a pintar de forma autodidacta en 1943. En 1951, ya recuperado, viajó por primera vez a París, a donde regresa posteriormente para fijar su residencia entre 1954 y 1955. Durante su estancia en esta ciudad entabló amistad con Benjamin Péret y se relacionó con el grupo de los surrealistas, lo cual, a su vuelta a España, lo indujo a fundar, en 1957 y junto a artistas y escritores como Luis Feito, Rafael Canogar, Martín Chirino o José Ayllón, entre otros, el grupo El Paso, que dirigió y lideró hasta su disolución en 1960. En 1966 viajó a Cuba y en 1967 regresó a París, donde se instaló definitivamente y desde donde su carrera gozó cada vez de más reconocimiento internacional. A lo largo de su trayectoria, Saura participó en numerosos seminarios, coloquios y conferencias sobre arte y cultura; colaboró en cine; comisarió exposiciones; concibió escenografías para teatro; y a través de sus escritos, que comenzó a publicar entre finales de los años setenta y principios de los ochenta, fundamentó las bases de su posicionamiento político. En 1985 creó en Madrid el espacio escénico de Woyzeck, dirigido por Eusebio Lázaro; en 1991 participó con su hermano Carlos Saura y Luis García Navarro en la realización de la ópera Carmen para el Staatstheater de Stuttgart y, hasta el año de su fallecimiento en Cuenca, no dejó de recibir numerosos premios y reconocimientos: Premio Guggenheim (1960), Premio Carnegie (1964), caballero de las Artes y las Letras de Francia (1981) y Medalla de Oro a las Bellas Artes (1982).

Influido en sus inicios por el surrealismo, el libro seminal Un Art Autre de Michel Tapié o la obra de artistas como Jackson Pollock, Jean Dubuffet y Jean Fautrier, Saura es un artista cuya intensidad reflexiva favorece que, tras la composición y gesto pictórico de su obra, se intuya el deseo de mostrar aquella parte del ser humano que, situándose entre lo bello y lo monstruoso, nos acerca de forma natural a sus sentimientos más instintivos. La suya es un obra que, en base a un inconfundible sello autoral y la expresión de una abstracción formada por manchas y austeridad cromática, no solo trata de sacar las turbulencias del propio artista, sino también de quienes lo consideran el pintor por antonomasia de la tristeza y la rebeldía.

Su primera exposición individual se celebró en la Sala Libros de Zaragoza en 1950. Desde entonces su obra ha sido motivo de exposiciones individuales como las de la Kunsthalle Baden- Baden (Alemania, 1964); la Casa de Las Américas (La Habana, 1966); el Stedelijk Museum (Ámsterdam, 1963, 1964 y 1979); la Galería Maeght (Barcelona, 1975); la Fundació Joan Miró (Barcelona, 1980); el Museo Español de Arte Contemporáneo (Madrid, 1982); la Harvard University (Cambridge, Estados Unidos, 1989); el Musée d’Art et d’Histoire (Ginebra, Suiza, 1989); el Instituto Cervantes de París (1992); o el Museo d’Arte della Svizzera italiana (Lugano, Suiza, 1994). Tras su fallecimiento, le han dedicado exposiciones individuales como «Damas», en la Fundación Juan March (Madrid, 2005); «Itinerarios de Antonio Saura», en el Museo Reina Sofía (Madrid, 2005); «Songe et mensonge / une parabole moderne (1958-1962) d’Antonio Saura», en Les Abattoirs (Toulouse, Francia, 2006). En 2016 su obra se mostró en el marco de la gran exposición «Campo cerrado. Arte y poder en la posguerra española. 1939-1953», realizada en el Museo Reina Sofía. Participó en la Bienal de Venecia junto a Eduardo Chillida y Antoni Tàpies (1958) y, posteriormente, como artista y miembro del comité organizador (1976).

Frederic Montornés

 
«Feria Internacional de Arte Contemporáneo», ARCO (Madrid, 1989). «Obras Maestras de la Colección del Banco de España», Museo de Bellas Artes de Santander (Santander, 1993). «Antonio Saura», Centro Cultural Las Claras (Murcia, 2001). «De Goya a nuestros días. Miradas a la Colección Banco de España», Musée Mohammed VI d'Art Moderne et Contemporain (Rabat, 2017-2018).
Francisco Calvo Serraller, Obras maestras de la Colección Banco de España, Santander, Museo de Bellas Artes de Santander y Universidad Internacional Menéndez Pelayo, 1993. Fernando Francés y Emmanuel Guigon, Antonio Saura, Murcia, Centro Cultural Las Claras, 2001. Yolanda Romero e Isabel Tejeda, De Goya a nuestros días. Miradas a la Colección Banco de España, Madrid y Rabat, AECID y FMN, 2017. VV.AA., Colección Banco de España. Catálogo razonado, Madrid, Banco de España, 2019, vol. 3.