Paisagem

Paisagem

  • 2007
  • Carboncillo, lápiz y pintura sobre lienzo de algodón
  • 502 x 245,5 cm
  • Cat. D_329
  • Adquirida en 2009
Por:

En Paisagem, Adrianne Gallinari revisita el género histórico del paisaje desde un registro sincrético y lineal. Esta obra de la artista brasileña da continuidad a su exploración del dibujo en gran formato como forma de poesía visual, una línea de experimentación que alcanza su máxima expresión en proyectos como Wall Drawings (2000), en el que la artista cubrió por completo las paredes del Drawing Center de Nueva York con composiciones de garabatos ilegibles y entramados de trazos simples. Paisagem emplea ese mismo lenguaje en una panorámica envolvente a medio camino entre la abstracción y la figuración.

En esta pieza de grandes dimensiones, Gallinari hace uso de una economía de medios, líneas escuetas y cromatismo mínimo. De esta forma, construye un escenario íntegramente atravesado por un trazo repetido, insistente, que parece evocar tanto al rayado del grabado como a una caligrafía que se resiste a ser legible. El garabato se transforma así en una trama continua, casi geológica, que recuerda a los mapas de superficie. El plano parece compuesto por capas de relieve: mesetas, hondonadas, bordes, pliegues. A su vez, la artista juega con la perspectiva organizando las retículas en direcciones diversas, como si cada plano del terreno respondiera a una corriente distinta. La yuxtaposición de trazos genera diferentes densidades y provoca una sensación de vibración visual.

Dentro de esa minuciosa urdimbre, la abstracción queda interrumpida por indicios reconocibles de la naturaleza y por formas geométricas mínimas. En el centro de la composición, el entramado se compacta y oscurece, insinuando un lago de tono gris azulado. Surgen también formas fantasmales —cuencos, pequeños árboles esquemáticos— y prismas que enfatizan el carácter irreal y onírico del paisaje: aparecen como restos de figuración, apenas lo suficientemente perceptibles como para facilitar la interpretación. El lenguaje plástico empleado por Gallinari conjuga, paradójicamente, una obsesión por el orden y la serialidad con una composición visualmente enmarañada. En Paisagem, la artista apura la superficie, los trazos se repiten y se expanden hasta el límite, dando una sensación de desbordamiento. El resultado es un paisaje extraño que exige tiempo, que requiere atención para empezar a distinguir el territorio de un mundo imaginario que se despliega casi como una visión del subconsciente.

En efecto, Paisagem recoge la herencia del dibujo automático como registro de la psique, recurso predilecto de artistas y poetas surrealistas para reivindicar una expresión no mediada por la consciencia. En Gallinari, la reiteración obsesiva de la línea parece materializar el pensamiento rumiante: la composición se basa en una repetición que se complica y se enreda. A su vez, las figuras etéreas otorgan al dibujo una atmósfera suspendida, propia de un sueño. No en vano, algunos críticos se han referido a las piezas de la artista como «mapas mentales»[1]. El componente psicológico resulta aquí evidente, y el dibujo opera como representación poética del mundo imaginario de la artista.

El contexto biográfico y formativo de Gallinari ayuda a precisar esta vocación por el dibujo como medio de expresión de un mundo interior. Formada en la Escola Guignard de Belo Horizonte y vinculada más tarde al circuito rioplatense tras la beca Kuitca y su estancia en Buenos Aires, Gallinari forma parte de una generación que irrumpió en la escena del arte contemporáneo brasileño durante los años ochenta. Su trabajo participa de una sensibilidad latinoamericana que entiende la naturaleza no como fondo, sino como matriz conceptual de la práctica artística, y se inscribe en la vertiente más depurada de la tradición gráfica brasileña. Esta corriente, impulsada por el legado de Alberto da Veiga Guignard —fundador de la escuela donde se formó— encontró un desarrollo decisivo en artistas como Amilcar de Castro, profesor de Gallinari, que reivindicaron con su trabajo la fuerza expresiva del lápiz[2].

Paisagem funciona también como una reflexión sobre la propia disciplina del dibujo: una práctica mínima capaz de construir mundo mediante textura y repetición. El paisaje se vuelve así escritura del tiempo y registro de una mano que dibuja, se corrige, se superpone y deja en la superficie la huella de su proceso. En etapas posteriores, Gallinari continuará desarrollando esta investigación en combinación con la pintura, introduciendo más color y, a menudo, con una figuración más explícita, pero siempre partiendo del dibujo como elemento vertebrador de su obra, y manteniendo un uso sucinto de los materiales.

[1] Agnaldo Farias. Adrianne Gallinera. Desenho + pintura (Catálogo de la exposición), Salvador de Bahía: Galería Roberto Alban, 2022.

[2] Ibid.

Clara Derrac

Asistió a la Escola Guignard, en Belo Horizonte, y en el año 1997 recibió la bolsa para artistas jóvenes Guillermo Kuitca, por lo que se trasladó a la ciudad de Buenos Aires, donde fue galardonada con el Premio de la Bienal Bridgestone del Centro Cultural Borges (2000). En la actualidad vive y trabaja en São Paulo.

La artista desarrolla su trabajo principalmente en los campos de la pintura y el dibujo, aunque, en menor medida, también incorpora el vídeo, la cerámica y la ilustración. Sus imágenes se caracterizan por la sutileza y la economía de sus trazos: son apuntes que sugieren siluetas de figuras humanas y formas naturales que la artista coloca en paisajes oníricos y fabulosos, en escenarios que inquietan por su sencillez y una falsa ingenuidad que traslada al espectador al territorio, no menos perturbador, de la memoria de los cuentos infantiles. En este espacio de ilusión se sitúa Paisagem (2007), un «paisaje» de grandes dimensiones construido a partir de tramas que se superponen tejiendo un enclave fantástico e irreal.

El universo de Gallinari se vuelve angustioso en intervenciones como la realizada sobre los muros del Drawing Center (Nueva York, 2000).

La crítica de arte Jenni Sorkin apuntaba entonces en relación a su trabajo: «La escritura se convierte en dibujo y el dibujo se convierte en un proceso de proyección, conjetura, asunción y sentimiento. El pesado y apresurado guion —sin roturas, puntuación, correcciones o autocensura— puede ser leído como un diario catártico, una letanía ambivalente, una confesión o un mapa de una pérdida teñida de deseo». Dibujos que se asemejan a la escritura hasta confundirse con formas manuscritas, inscripciones y microgramas; palabras y trazos que requieren nuevas formas de lectura en su interpretación.

La obra de Adrianne Gallinari ha sido objeto de muestras individuales en la Casa Triângulo (São Paulo, 2001, 2003 y 2007); el Museu de Arte da Pampulha (Belo Horizonte, Brasil, 2001); y el Drawing Center (Nueva York, 2000). Ha participado en proyectos colectivos como la Bienal de Arte de Pontevedra (2000) o la Bienal del Dibujo Contemporáneo de Buenos Aires (2001).

Beatriz Herráez

 
Por:
Beatriz Herráez
Adrianne Gallinari
Belo Horizonte 1965

Asistió a la Escola Guignard, en Belo Horizonte, y en el año 1997 recibió la bolsa para artistas jóvenes Guillermo Kuitca, por lo que se trasladó a la ciudad de Buenos Aires, donde fue galardonada con el Premio de la Bienal Bridgestone del Centro Cultural Borges (2000). En la actualidad vive y trabaja en São Paulo.

La artista desarrolla su trabajo principalmente en los campos de la pintura y el dibujo, aunque, en menor medida, también incorpora el vídeo, la cerámica y la ilustración. Sus imágenes se caracterizan por la sutileza y la economía de sus trazos: son apuntes que sugieren siluetas de figuras humanas y formas naturales que la artista coloca en paisajes oníricos y fabulosos, en escenarios que inquietan por su sencillez y una falsa ingenuidad que traslada al espectador al territorio, no menos perturbador, de la memoria de los cuentos infantiles. En este espacio de ilusión se sitúa Paisagem (2007), un «paisaje» de grandes dimensiones construido a partir de tramas que se superponen tejiendo un enclave fantástico e irreal.

El universo de Gallinari se vuelve angustioso en intervenciones como la realizada sobre los muros del Drawing Center (Nueva York, 2000).

La crítica de arte Jenni Sorkin apuntaba entonces en relación a su trabajo: «La escritura se convierte en dibujo y el dibujo se convierte en un proceso de proyección, conjetura, asunción y sentimiento. El pesado y apresurado guion —sin roturas, puntuación, correcciones o autocensura— puede ser leído como un diario catártico, una letanía ambivalente, una confesión o un mapa de una pérdida teñida de deseo». Dibujos que se asemejan a la escritura hasta confundirse con formas manuscritas, inscripciones y microgramas; palabras y trazos que requieren nuevas formas de lectura en su interpretación.

La obra de Adrianne Gallinari ha sido objeto de muestras individuales en la Casa Triângulo (São Paulo, 2001, 2003 y 2007); el Museu de Arte da Pampulha (Belo Horizonte, Brasil, 2001); y el Drawing Center (Nueva York, 2000). Ha participado en proyectos colectivos como la Bienal de Arte de Pontevedra (2000) o la Bienal del Dibujo Contemporáneo de Buenos Aires (2001).

Beatriz Herráez

 
 
Victoria Noorthoorn Adrianne Gallinari. Wall Drawings, Nueva York, The Drawing Center, 2000. VV. AA. Adrianne Gallinari, Belo Horizonte, Celma Albuquerque, 2000. Agnaldo Farias y Waldir Barreto Desenho: traço e espaço, Brasilia, Arte 21, 2003. VV. AA. Colección Banco de España. Catálogo razonado, Madrid, Banco de España, 2019, vol. 2.