Nature morte au pichet

Nature morte au pichet

  • 1961
  • Óleo sobre lienzo
  • 91 x 72,5 cm
  • Cat. P_349
  • Adquirida en 1987
Por:

En una escena de interior, sobre el tablero ovalado de una mesa reposan varios objetos: una jarra, una fruta y un cráneo esquematizados. La composición destaca por su hábil cromatismo en tonos amarillos, ocres y rojos que sintonizan con verdes y grises. Es un buen ejemplo de la pintura luminosa de Bores, de sus objetos solo sugeridos, del valor plástico que otorgaba al cromatismo y la pincelada, y de su ambición de alcanzar el disfrute de la pintura por sí misma. Con todo, resulta intrigante la inclusión de la calavera en un entorno de tanta luminosidad. Bores, que fue, como otros pintores vanguardistas de su época, un gran bodegonista, enlaza así con uno de los tipos por excelencia de la tradición de este género, el del memento mori (recuerdo de la muerte). Esta presencia quizá no sea tan sorprendente si se tiene en cuenta que toda alusión a la muerte lo es también forzosamente a la vida, lo que en este óleo confluye con esa jouissance de los valores puramente pictóricos que fue una constante en Bores. Las vanguardias del siglo XX retoman a menudo el asunto de la vanitas en alusión a la fugacidad del tiempo, pero eludiendo la retórica efectista y religiosa de algunos pintores barrocos. Es esta línea la que sigue este bodegón, en el que respiran su habitual sentido del equilibrio y su atmósfera de intimidad.

En el momento en el que ejecuta esta pintura, Bores es ya un pintor consagrado y su obra ha entrado en su última etapa, denominada por la crítica «la manera blanca», no tanto por el predominio del color como por su método. Aspiraba, como él mismo declaró, a una mayor luminosidad, al tiempo que desencarnaba la figura. Era una aspiración semejante a la de la pintura abstracta, pero por medios figurativos, y que perseguía, sobre todo, lograr una especial transparencia. Le condujo, como se puede ver aquí, a una pintura clara, de composición libre y suelta. Desde su establecimiento en París, a mediados de los años veinte, el lenguaje de Bores se había caracterizado por el énfasis en la luz y el color aunado con una «figuración lírica». A partir de los años treinta, el pintor dotó a este tipo de figuración, del que es uno de los máximos exponentes, de unas particularidades que resumió con el nombre de «pintura fruta», esto es, de la noción de pintura como un acto sensual. En París, su obra se había visto permeada por las consecuencias que extrae del cubismo tardío, siguiendo especialmente el método de Juan Gris, consistente en abordar el cuadro como una composición abstracta en la que paulatinamente aparecen alusiones a la realidad. El franco abatimiento del tablero de la mesa en la Nature morte au pichet sobre la superficie pictórica es un buen ejemplo de esa asimilación personal de la lección cubista. La necesidad de agregar espontaneidad e intuición al cubismo que sintió a partir de las décadas de los veinte y los treinta quedará como un sustrato que llega hasta sus bodegones de los sesenta.

El lienzo se realizó en el mismo año en que su íntimo amigo y protector Tériade editó una monografía sobre él, con un texto de Jean Grenier. De este mismo periodo data el Bodegón en gouache sobre papel de ingreso más reciente en la Colección Banco de España. Ambas obras reflejan la pervivencia en su trabajo tardío de las líneas maestras de la Escuela de París y son excelentes testimonios de su renovación del género de la naturaleza muerta en el arte moderno del siglo XX.

Maite Méndez Baiges

Una de las cualidades más apreciables en las obras de Francisco Bores es el equilibrio y la intimidad que respiran. Buen conocedor de la pintura de la primera generación de la Escuela de París, supo asimilar las enseñanzas del cubismo sintético, sobre todo de Juan Gris; como él, Bores abordaba sus lienzos como si se tratara de una obra abstracta, pasando posteriormente a introducir alusiones a la realidad. Siempre hay en ellas una referencia al mundo visual, salvo en las pinturas realizadas en torno a 1928. Nature morte au pichet (1961) pertenece a uno de los momentos más interesantes de su trayectoria, cuando la búsqueda del espacio se caracteriza por una acusada armonía de la composición. La relación entre los distintos elementos que configuran el bodegón, la separación que guardan entre sí o con respecto a su entorno, han sido sabiamente compuestos gracias a un reparto uniforme de la luz. Junto a la elongación de las formas, el color juega un papel protagonista: ocres, amarillos y rojos sintonizan con sus célebres verdes y grises en una manifestación de la sinceridad expresiva del artista. Por otro lado, en la temática enlaza con la gran tradición de la naturaleza muerta, con la inclusión en primer término de lo que podría ser la sugerencia de un cráneo, presente con frecuencia en las vanitas clásicas, y también en las contemporáneas, como es el caso de las realizadas por Pablo Picasso en los años treinta y cuarenta en el contexto de inquietud política de Europa. El lienzo fue realizado el mismo año en que su íntimo amigo y protector Tériade editó una monografía sobre él, con un texto de Jean Grenier. Es en ese mismo período cuando realiza el gouache Bodegón (1960), de ingreso más reciente en la Colección Banco de España, que refleja, al igual que la anteriormente citada, la pervivencia en su trabajo tardío de las líneas maestras de la Escuela de París y sus débitos de por vida con el cubismo, lo que convierte a esta obra en gran medida en indistinguible de su trabajo en este género durante los años treinta.

 
Por:
Maite Méndez Baiges
Francisco Bores
Madrid 1898 - París 1972

Es la figura más relevante de la Escuela de París y, más en concreto, de la figuración lírica española. Empezó sus estudios de pintura en el taller de Cecilio Pla y Gallardo, donde conoció a Pancho Cossío, con quien más tarde compartirá la experiencia parisina, Manuel Ángeles Ortiz y Joaquín Peinado. En torno a 1923 entra en contacto con los ultraístas madrileños y participa en sus tertulias del Café Pombo y Gijón. Durante su etapa juvenil en Madrid se dedica al grabado, con un estilo en el que es palpable la influencia del expresionismo centroeuropeo, y hace incursiones en un «clasicismo renovado» en la línea de los pintores italianos reunidos en torno a la revista Valori Plastici. Realiza ilustraciones para revistas como Alfar, Revista de Occidente, Cruz y Raya o El Sol. En 1925 participa con éxito en la exposición de la Sociedad de artistas ibéricos, una de cuyas salas estaba dedicada enteramente a su obra, y ese mismo año viaja y se establece definitivamente en París. Se integra en la Escuela de París, junto a Pancho Cossío, Hernando Viñes y Benjamín Palencia. Su estilo se forja con la reconsideración de los movimientos y artistas de las vanguardias europeas, como Cézanne, Matisse, Picasso, Derain, Gris, el cubismo y, esporádicamente, el surrealismo. El artista se interesará especialmente por la obra de Cézanne, pero no tanto como precursor del cubismo como por sus propios planteamientos sobre una idea autónoma de la pintura. Se encamina por la vía de un neocubismo que conjuga el legado de Cézanne, Braque y Juan Gris con las premisas del lirismo, «entre el decir autónomo de los elementos plásticos y el decir figurativo en relación con lo vivencial».

En París el crítico Tériade le secunda desde las páginas de la revista Cahiers d’Art; percibe en su obra un nuevo punto de partida para la pintura moderna, y destaca su pureza sensual conseguida sin ningún artificio anecdótico. Bores proponía una vía de salida al neocubismo que toma de Juan Gris el procedimiento de comenzar la obra como si se tratase de una composición abstracta que desemboca paulatinamente en alusiones a la realidad exterior. Bores quiere, además, conciliar el cubismo con la tradición, una constante de su obra hasta el final. A finales de 1929, a partir de un viaje al Mediodía francés que supone un iluminador reencuentro con la naturaleza, acuña la metáfora de la «pintura fruta» para expresar la consideración de la pintura como un acto sensual, un placer de los sentidos, que servirá posteriormente para calificar su pintura. A partir de los años treinta, una vez deshecho el entorno de la «figuración lírica», prosigue con un lenguaje personal que le convertirá en uno de los pintores más influyentes de su generación.

En Francia realizó la primera exposición individual en la Galerie Percier de París en 1927; dos años más tarde participó en el Salon des Surindépendants, del que fue asiduo expositor hasta 1937. A partir de entonces, se instaló en la villa Saint-Jacques, que abandonó para realizar viajes esporádicos a España. En 1964 ejecutó las vidrieras para el Seminario de Montbrison y las ilustraciones para Llanto por la muerte de Ignacio Sánchez Mejías, de Federico García Lorca. En 1966 fue nombrado Officier de l’ordre des Arts et des Lettres por el entonces ministro francés de Cultura André Malraux. En los últimos años de su vida tuvo ocasión de exponer en España, tras una larga ausencia, en dos ocasiones, ambas en la Galería Theo de Madrid, en 1969 y 1971. En 1999 el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía le dedicó la exposición antológica «Bores esencial. 1926-1971».

Su obra se encuentra en algunos de los museos y colecciones de arte moderno más prestigiosos, como el Musée d’Art Moderne de la Ville de Paris, el MoMA de Nueva York, la Fundación Arte y Tecnología de Telefónica, el Museo Patio Herreriano de Arte Contemporáneo de Valladolid, el Museo de Bellas Artes de Bilbao, Moderna Museet de Estocolmo, el Národní galerie de Praga, el Reina Sofía de Madrid, el IVAM de Valencia, etc.

Maite Méndez Baiges

 
«Feria Internacional de Arte Contemporáneo», ARCO (Madrid, 1987). «Contemporary Art from Spain», European Central Bank (Fráncfort, 2001-2002). «Flores y frutos. Colección Banco de España», Banco de España (Madrid, 2022-2023).
VV.AA., Arco 87. Feria Internacional de Arte Contemporáneo, Madrid, Arco/Ifema, 1987. Alfonso E. Pérez Sánchez, Julián Gállego y María José Alonso, Colección de pintura del Banco de España, Madrid, Banco de España, 1988. José María Viñuela, Contemporary Art from Spain, Fráncfort, European Central Bank, 2001. VV.AA., Colección Banco de España. Catálogo razonado, Madrid, Banco de España, 2019, vol. 1. VV.AA., Flores y frutos. Colección Banco de España, Madrid, Banco de España, 2022.