La Cámara del Oro, un espacio cargado de simbolismo y misterio que encarna la concepción del poder económico como valor sagrado
La exposición Alegorías de un porvenir pone de relieve cómo el proyecto de ampliación arquitectónica y decorativa que el Banco de España lleva a cabo en su sede central de Cibeles durante la década de 1930 constituye un hito fundamental en el camino de la institución hacia la modernidad. Esta ampliación, en la que el arquitecto navarro José Yárnoz Larrosa prolonga y reinterpreta la propuesta inicial de Eduardo de Adaro, dio lugar a la creación de dos de sus principales enclaves arquitectónicos: el Patio de Operaciones, que alberga uno de los conjuntos decorativos más destacados del art déco institucional en Europa, y la emblemática Cámara del Oro, estancia concebida para custodiar las reservas de oro y plata del Estado que se inauguró tan solo unos meses antes del inicio de la Guerra Civil.
A este segundo espacio, muy presente en el imaginario popular por mitos urbanos y ficciones audiovisuales como la de la exitosa serie televisiva La casa de papel, está dedicado Tecnología y seguridad, uno de los cinco apartados en los que se divide la muestra que se puede visitar en la sala de exposiciones de nuestra sede de Cibeles hasta el 28 de marzo.
José Yárnoz Larrosa. Construcción de la Caja Subterránea del Banco de España (detalles). Dibujos originales a tinta china y agua de color, sobre papel pegado a lienzo Escala 1:20 510 x 870 cm. Colección Banco de España
Situado a 35 metros de profundidad, la construcción de la Cámara del Oro supuso, como nos señala Patricia Alonso del Torno en uno de los ensayos incluidos en el catálogo
de Alegorías de un porvenir, un reto «realmente complejo», especialmente por la existencia de aguas subterráneas que dificultaban su aislamiento, empleándose para evitar la filtración las técnicas y materiales más avanzados de la época. La obra se ejecuta entre 1934 y 1936, ya en la fase final del proceso de ampliación impulsado por Yárnoz Larrosa, quien hizo un minucioso seguimiento de todos los trabajos realizados.
Por su magnitud y excelencia técnica, sus puertas acorazadas y refractarias, algunas con un peso superior a catorce toneladas, constituyen uno de sus elementos más distintivos. Cabe señalar aquí que todas ellas siguen cumpliendo su función en perfectas condiciones en la actualidad. Fueron fabricadas por la firma estadounidense Coffres-Forts York, empresa que ya había elaborado puertas similares para entidades financieras como la Reserva Federal de Nueva York, el Banco de Tokio o el Royal Bank de Canadá.
Antonio de Zárraga. Puerta circular blindada de ingreso al pozo n.º 1 de la cámara subterránea, 1936. AGUN. José Yárnoz Larrosa
Realizadas con piezas de acero de extraordinaria resistencia y dotadas de un por aquel entonces novedoso mecanismo de bisagra-grúa, estas puertas ejemplifican de manera paradigmática la doble dimensión, funcional y simbólica, que caracteriza el proyecto de ampliación de Yárnoz Larrosa. «Este recinto subterráneo», explica Álvaro Perdices, comisario, junto a Yolanda Romero, de la muestra, «fue diseñado como una arquitectura de precisión donde cada elemento —puertas acorazadas, sistemas de blindaje, materiales hidrófugos, mobiliario metálico— responde a una lógica de protección absoluta. Más que un dispositivo técnico, la Cámara del Oro encarna una visión institucional del poder económico como valor sagrado: un espacio que transforma la seguridad en símbolo y la custodia en ritual».
En este aspecto incide Alonso del Torno quien plantea que la «singular naturaleza» de este espacio nos remite a otras construcciones , como las pirámides egipcias o los recintos sagrados en los templos de diferentes tradiciones religiosas, con las que comparte su carácter de «fortaleza oculta e inaccesible». En este sentido, Perdices nos recuerda que se trata de un lugar que no fue pensado para ser visto ni transitado, aunque eso no impidió que Yárnoz Larrosa renunciara a embellecer sus estancias principales con elementos decorativos análogos a los empleados en el resto de la ampliación.
José Yárnoz Larrosa. Maqueta de la sección transversal de la Caja Subterránea, 1932. Madera, yeso, metal y papel pintado. Escala 1:20 53,5 x 83 x 19,5 cm. Colección Banco de España
Tecnología y seguridad, el apartado dedicado a la Cámara del Oro en la exposición Alegorías de un porvenir, reúne una heterogénea selección de documentos y materiales, muchos de ellos inéditos, que nos permiten adentrarnos en la concepción, el diseño y el proceso de construcción de este espacio que ocupa una superficie de unos 1.500 metros cuadrados.
Entre los objetos expuestos encontramos, por ejemplo, tres dibujos a tinta china, minuciosos y expresivos, que recrean en siete fases el proceso constructivo de la cámara subterránea, así como una maqueta arquitectónica de su sección transversal, un plano de su planta general de distribución, algunas de las lámparas y piezas mobiliarias de inspiración art déco que albergaba o un conjunto de fotografías que realizó en 1936 Antonio de Zarraga de la obra ya terminada. A su vez se incluyen dos dibujos técnicos de gran escala cedidos por el archivo de José Yárnoz Larrosa que representan con extraordinario detalle puertas acorazadas y trampillas de sistemas seguridad fabricadas por la firma holandesa LIPS. Probablemente fueron elaborados para alguna sucursal de provincia del Banco de España y aunque se concibieron como ilustraciones comerciales, su refinada factura visual les dota de una innegable cualidad artística.
Autor desconocido. Puerta de bóveda 8029 (detalle costados bruñidos), c. 1930 Acuarela y tinta sobre cartulina 90 x 71,5 cm. AGUN. Fondo José Yárnoz Larrosa
Junto a estos materiales de carácter promocional y técnico, en la exposición también se puede ver un gran mural fotográfico con imágenes que dan testimonio de diferentes momentos de su proceso de construcción, visibilizando a los trabajadores anónimos que participaron en esta ambiciosa empresa arquitectónica. Procedentes del Archivo Histórico del Banco de España,
estas fotografías introducen, según Álvaro Perdices, «una mirada que ya no es alegórica, sino humana». En ellas, subraya, «la maquinaria no es símbolo: es peso. La arquitectura no se contempla: se sufre. El espacio no es celestial: es oscuro, cerrado, húmedo».

Autor desconocido. Fotografía de la construcción de la caja subterránea del edificio, c. 1932. Gelatinobrumuro de plata. AHBE
A través de esta contraposición, señala Perdices, la muestra se despliega como una «máquina de sentido» que genera una «lectura dialéctica entre la abstracción del poder y la concreción del esfuerzo, entre el dibujo idealizado y la realidad de su ejecución». Si las figuras heroicas de la vidrieras del Patio de Operaciones convierten el trabajo en «forma pura», estas imágenes «lo devuelven a su dimensión material, corporal, ineludible». En su acercamiento a la (intra)historia de la construcción de la Cámara del Oro, la exposición no busca tanto desmontar la «fantasía» que el relato institucional y la cultura visual reciente ha creado en torno a este espacio, sino «enraizarlo», recordándonos que «bajo el símbolo está el barro y la humedad, que detrás de cada mecanismo hay una mano que lo ensambló».
Vista de sala de la exposición Alegorías de un porvenir