Jol

Jol

  • 2025
  • Vidrio y hierro
  • 20 x 150 x 20 cm
  • Cat. E_166
  • Adquirida in 2025
By:
Clara Derrac

El trabajo de Lara Fluxà se articula a partir de la relación entre cuerpo, materia y entorno, y explora las tensiones invisibles que atraviesan el espacio que habitamos. Su práctica se basa en materiales como el vidrio, el agua o los fluidos industriales, elementos que activa mediante diferentes procesos físicos. Más allá del interés formal por los mismos, Fluxà utiliza la inestabilidad y la posibilidad del accidente como herramientas para cuestionar nuestra manera de estar en el mundo. La alteración de las condiciones habituales de estos materiales genera paisajes y organismos extraños, que obligan al espectador a medir sus movimientos y asumir una posición de cuidado y responsabilidad. Su obra dialoga, de esta forma, con el pensamiento ecológico, la ciencia y el ecofeminismo, cuestionando la idea de control humano sobre la materia y proponiendo una experiencia compartida basada en la interdependencia. En palabras de la propia artista, su trabajo se interesa por «la tensión que sucede entre lo delicado y lo devastador»[1].

La escultura Jol (2025), perteneciente al conjunto de obras reunido bajo el título Firefly, ejemplifica con claridad este planteamiento. La obra se presenta como un cuerpo suspendido que parece haber aprendido a sostenerse en un entorno que no le es del todo propio. Inspirada en elementos que conforman las centrales eléctricas, la pieza remite tanto a una infraestructura energética como a un organismo de procedencia incierta. Esta ambigüedad no es anecdótica: constituye el núcleo político y conceptual de gran parte de la obra de Fluxà.

Desde hace años, la artista trabaja con sustancias y materiales volátiles que ponen en tensión los sistemas de control y estabilidad propios del imaginario industrial. En Jol, el vidrio soplado conserva la memoria del calor y de la transformación forzada, mientras que el hierro actúa como soporte pero también como amenaza. Más que una reconciliación entre naturaleza y tecnología, la pieza presenta una escena de coexistencia inestable, marcada por la dependencia mutua y una condición permanente de contingencia.

El proyecto Firefly toma como referencia visual y simbólica las infraestructuras de producción y distribución de energía. Cables de alta tensión y componentes metálicos configuran un paisaje que ya no puede entenderse como fondo neutral de la vida contemporánea, sino como un entorno activo que condiciona cuerpos, ritmos y formas de vida. El título de la serie alude, asimismo, a las luciérnagas, pequeños organismos capaces de emitir luz. En este contexto, Jol aparece como una criatura surgida de ese ecosistema energético: no es una figura orgánica ni una máquina funcional; es un ensamblaje que pareciera haber desarrollado estrategias de supervivencia en un medio hostil.

Esta figura híbrida invita a una lectura de la dualidad desde las teorías de Donna Haraway, especialmente en lo que respecta a su crítica de las oposiciones binarias y su defensa de los ensamblajes multiespecie y tecnoculturales. El cíborg, en Haraway, no es un emblema del futuro tecnológico, sino una herramienta conceptual para pensar las interdependencias y responsabilidades que surgen en mundos dañados. Jol puede entenderse en esa clave: una entidad que no pertenece plenamente a ningún régimen ontológico estable y que, precisamente por ello, pone en cuestión los relatos de progreso asociados al desarrollo energético.

Desde ahí, Jol y, por extensión, el conjunto de piezas que integran Firefly articulan una crítica al extractivismo contemporáneo. Los materiales industriales empleados remiten a procesos de extracción y explotación de recursos naturales, pero Fluxà no los concibe como representaciones del deterioro ecológico. Por el contrario, los reintroduce en el espacio expositivo como estructuras paradójicamente vulnerables, cuya estabilidad depende de equilibrios precarios y relaciones simbióticas. Lejos de celebrar la potencia técnica, las esculturas de Fluxà desactivan su lógica de dominio: los materiales que las conforman parecen adquirir una agencia propia y existen en un régimen que ya no se organiza en función de lo humano.

Frente a las narrativas aceleracionistas, Fluxà instala una temporalidad suspendida. La pieza no se mueve, su presencia es contenida. Más que un artefacto representativo de un futuro prometedor, parece constituir una criatura procedente de un escenario postapocalíptico. La fragilidad de los materiales ―la posibilidad de rotura del vidrio― se percibe de manera casi física, e introduce al espectador en un entorno de inestabilidad compartida. La obra señala así una contradicción central del capitalismo avanzado: la necesidad de una infraestructura cada vez más compleja para sostener un modelo que, al mismo tiempo, erosiona las condiciones materiales de su propia continuidad. Lara Fluxà nos invita a repensar, de este modo, nuestra relación con la energía y la materia desde una posición atenta a los límites.

 

[1] Laura Leonelli. (2025). "Lara Fluxà, la artista que da forma a la fragilidad con vidrio, agua y luz: 'Entiendo lo tecnológico como algo naturalmente humano, y lo humano como naturalmente animal'”. Architectural Digest España. https://www.revistaad.es/articulos/lara-fluxa-artista-vidrio-agua-luz

Clara Derrac

 
By:
Clara Derrac
Lara Fluxà
Palma de Mallorca 1985

Formada en Bellas Artes por la Universidad de Barcelona y con un Máster en Producción e Investigación Artística de la misma institución, la artista mallorquina Lara Fluxà desarrolla una práctica centrada en el trabajo con materiales elementales como el agua, el aire, la sal, el alquitrán, el aceite de motor o el vidrio. La artista somete estas sustancias a procesos de transformación para investigar sobre la vulnerabilidad de los ecosistemas y las consecuencias de los modelos extractivistas de la era contemporánea. Así, su obra sitúa el cuidado como una cuestión central, entendida tanto en un sentido material como ético y político.

La práctica de Fluxà se materializa en esculturas e instalaciones inspiradas en el imaginario industrial y tecnológico pero que remiten también a organismos vivos: cuerpos viscosos, cambiantes, en constante adaptación. Con frecuencia, sus piezas emergen como criaturas extrañas surgidas de las ruinas del antropoceno. La fragilidad opera en su obra como una herramienta crítica desde la que cuestionar nuestras formas de relación con el entorno. De este modo, su trabajo invita a repensar la responsabilidad individual y colectiva frente a la crisis ecológica, y nos habla de formas alternativas de coexistencia.

Desde mediados de la década de 2010, Lara Fluxà ha presentado exposiciones individuales en espacios e instituciones como Espai 13 de la Fundació Joan Miró (Barcelona, 2018), Projecte SD (Barcelona, 2019), el Museo Es Baluard (Palma, 2021), el Pabellón de Cataluña en la Bienal de Arte de Venecia (2022) y Bombon projects (Barcelona, 2024). Su obra ha sido incluida en numerosas exposiciones colectivas en centros en España entre los que destacan el MACBA, La Casa Encendida, o Casal Solleric, y en eventos internacionales como Liste Art Fair (Basilea). Su trabajo forma parte de las colecciones del MACBA, Fundación Sorigué, Fundación Vila Casas, Es Baluard y FRAC Corse, entre otras. Fluxà ha sido reconocida con el Premio Ciudad de Palma Antoni Gelabert de Artes Visuales (2023) y el premio de la Asociación Catalana de Críticos de Arte (2019).

 

Clara Derrac