Aurèlia Muñoz ha sido una de las escasas artistas españolas expuestas en la colección permanente del MoMA de Nueva York. De esta manera, se recuperaba el papel central que la artista catalana tuvo en el arte textil a partir de las décadas de los años 60 del siglo XX. Esta relectura de su obra era necesaria porque tras su fallecimiento dejó de estar representada en exposiciones relevantes de tesis o en algunos de los más importantes museos estatales. A esto se unía la consideración secundaria que el textil tenía en el arte contemporáneo considerado una disciplina menor o una artesanía que, además, mayoritariamente estaba en manos de mujeres. Muñoz reivindicaría en numerosas ocasiones que su obra era arte contemporáneo y no arte decorativo, donde a menudo se la encasillaba.
Se formó en la Escola Massana de Barcelona partiendo sus primeras piezas de principios de los 60 de técnicas como el bordado y de referencias como Paul Klee, Torres García o el Tapiz de la creación de Gerona (S. XI). Paralelamente realiza vestuario para teatro en una línea constructiva que recuerda a Oskar Schlemmer, e investigar el collage, línea de trabajo que la conduce al patchwork.
La tridimensionalidad llega a su obra a mediados de los 60; en 1969 descubre las posibilidades del macramé creando esculturas que introducía en cajas de metacrilato. De inmediato produce monumentales pero visiblemente leves construcciones de nudos integrándose en la nouvelle tapisserie. Muñoz ocupa el espacio de una manera orgánica con planos que se atraviesan entre sí. Son años en los que su obra se internacionaliza: estuvo en la Bienales de Lausanne de los años 66, 69,71, 73, 77 y 83, o en la Bienal de São Paulo de 1973.
A finales de los 70 comienza una serie de piezas monumentales ligadas al espacio que las acoge con referencias al velamen o a los pájaros trabajando el encuentro entre arte y arquitectura. Sus últimas investigaciones están ligadas a profundizar en la levedad, para lo que experimentó con papel como materia de sus piezas.
Aurèlia Muñoz ha sido una de las escasas artistas españolas expuestas en la colección permanente del MoMA de Nueva York. De esta manera, se recuperaba el papel central que la artista catalana tuvo en el arte textil a partir de las décadas de los años 60 del siglo XX. Esta relectura de su obra era necesaria porque tras su fallecimiento dejó de estar representada en exposiciones relevantes de tesis o en algunos de los más importantes museos estatales. A esto se unía la consideración secundaria que el textil tenía en el arte contemporáneo considerado una disciplina menor o una artesanía que, además, mayoritariamente estaba en manos de mujeres. Muñoz reivindicaría en numerosas ocasiones que su obra era arte contemporáneo y no arte decorativo, donde a menudo se la encasillaba.
Se formó en la Escola Massana de Barcelona partiendo sus primeras piezas de principios de los 60 de técnicas como el bordado y de referencias como Paul Klee, Torres García o el Tapiz de la creación de Gerona (S. XI). Paralelamente realiza vestuario para teatro en una línea constructiva que recuerda a Oskar Schlemmer, e investigar el collage, línea de trabajo que la conduce al patchwork.
La tridimensionalidad llega a su obra a mediados de los 60; en 1969 descubre las posibilidades del macramé creando esculturas que introducía en cajas de metacrilato. De inmediato produce monumentales pero visiblemente leves construcciones de nudos integrándose en la nouvelle tapisserie. Muñoz ocupa el espacio de una manera orgánica con planos que se atraviesan entre sí. Son años en los que su obra se internacionaliza: estuvo en la Bienales de Lausanne de los años 66, 69,71, 73, 77 y 83, o en la Bienal de São Paulo de 1973.
A finales de los 70 comienza una serie de piezas monumentales ligadas al espacio que las acoge con referencias al velamen o a los pájaros trabajando el encuentro entre arte y arquitectura. Sus últimas investigaciones están ligadas a profundizar en la levedad, para lo que experimentó con papel como materia de sus piezas.